La experiencia adquirida por el Taller de Arquitectura en la construcción de agrupaciones de viviendas fue requerida por el Gobierno argelino a través de Francia para la construcción de nuevos núcleos de población en zonas semidesérticas donde se pretendía un desarrollo agrícola. La escasa tecnología constructiva y la nula profesionalidad de la mano de obra impidieron la realización de parte de estos proyectos. La composición urbana basada en una combinatoria de viviendas unifamiliares ofrecía unas posibilidades infinitas que había que limitar y serializar para mantener lo más bajo posible el coste de la operación. Las formas geométricas escogidas, de tradición árabe y mediterránea, permitían una primera agrupación de dos o tres viviendas alrededor de un patio formando una manzana. Varias manzanas formaban un barrio y varios barrios, una ciudad, manteniendo una constante proporción entre espacio edificado y espacio público. Una gran plaza central, como en todas las ciudades árabes, se convierte en el mercado, lugar de encuentro, de espectáculo y eje vital de la población.