1988-1991, Barcelona, España
El aeropuerto de Barcelona fue objeto de una importante remodelación para pasar de seis millones de pasajeros al año a una cifra de doce millones, doblando también la capacidad de estacionamiento de aeronaves. El proyecto incluyó la instalación de doce pasarelas telescópicas para el embarque directo a los aviones. La solución adoptada tiene en cuenta la configuración del campo de vuelo y en concreto de la plataforma, estrecha y alargada, que tuvo que ampliarse. El edificio terminal se diseñó en línea, aprovechando gran parte de la estructura existente, con cuatro muelles modulares en forma de triángulo que penetran lo mínimo en la plataforma permitiendo un mejor aprovechamiento de la misma. Esta solución lineal, determinada también por la situación de la Terminal de carga y del edificio técnico, se ve reforzada con un elemento que remarca esta linealidad: una calle peatonal elevada que agrupa los elementos modulares, sirve de separación entre los lados tierra y aire y permite una fácil separación entre los lados tierra y aire y permite una fácil separación entre el pasaje nacional e internacional. El pasaje internacional usará un edificio relativamente separado del resto de las instalaciones. Uno de los módulos triangulares se destina en especia al puente aéreo con Madrid. El diseño modular del aeropuerto permitió su remodelación por fases, ya que no podía interrumpirse en ningún momento su funcionamiento. Se realizó una nueva fachada lado aire, que representa una imagen totalmente acristalada de los módulos de embarque y la calle elevada. Los pasajeros en espera pueden disfrutar del espectáculo del despegue y aterrizaje de los aviones desde una posición privilegiada. Los módulos triangulares disponen de otra sala de espera en la planta baja, destinada aquellos pasajeros que tengan que embarcar, a través del autobús, en aeronaves situadas en posiciones remotas. La calle elevada, espina dorsal del aeropuerto, es elemento de comunicación entre todas sus instalaciones. Mientras el acceso desde la calle hasta los aviones puede realizarse en un recorrido mínimo, la calle elevada, inspirada en la Rambla de Barcelona, permite a los pasajeros en espera pasear y disfrutar de los diferentes ambientes de la misma en sus diferentes tramos. El pasajero tiene el acceso a los edificios terminales a nivel de suelo, con conexión directa al aparcamiento y viales de circulación protegida por grandes cubiertas. La facturación y recogida de equipajes se realiza en la planta baja y la conexión entre plantas se efectúa gracias a escaleras, escaleras mecánicas y ascensores. La rápida evolución de la tecnología aérea provocará nuevas remodelaciones en breve en todos los aeropuertos del mundo, aunque ello no debe minimizar el estudio de su diseño arquitectónico, factor importante para la comodidad de los pasajeros y la imagen de la ciudad.