Inicio » Ricardo Bofill » Ricardo Bofill por él mismo Mapa Web

Ricardo Bofill por él mismo

Imprimir

Estas son algunas consideraciones esquemáticas y preliminares para un diálogo generalizado, así como algunos principios que han guiado la particular trayectoria de mi pensamiento y de mi equipo, el Taller de Arquitectura, desde los años sesenta hasta la actualidad.

 Nómada, sigo siendo un nómada. Un viajero sin puerto de abrigo, obligado a fijar sus puntos de referencia según su recorrido. Nací en Barcelona, de padre catalán y madre veneciana. Es decir, en la encrucijada de dos culturas que se enfrentaron y mezclaron a través de la historia.

Crucé el Mediterráneo. En el valle del Dra, descubrí pueblos hechos de cubos apilados, construidos día a día siguiendo el ritmo de crecimiento de las familias y, sin embargo, misteriosamente ordenados. Alrededor, el desierto. Las extrañas formas que adoptan las dunas, transformadas sin cesar por fuertes vientos, se me aparecen como elementos esenciales, aunque subyacentes, de todo cuanto podemos dibujar. Las rosadas arenas del Teneré, recortadas contra el cielo índigo, los espacios infinitos de rocas y piedras, fueron mi iniciación en la belleza absoluta.

Allí también encontré hombres. Varios de estos nómadas que viven en una civilización totalmente ajena a la mía, se convirtieron en mis amigos. Descubrí en ellos a los mejores conocedores del espacio.

Ser arquitecto significa saber entender el espacio.

Organizado por el hombre, descodificar los comportamientos y movimientos espontáneos de una población, y, además, percibir las necesidades de cambio que ésta pueda expresar inconscientemente. Es preciso localizar estas carencias para poder aportar una contribución propia.

Como ya observó André Malraux, vivimos en la época del museo imaginario, donde coexisten sin colisionar el Barroco y el Clasicismo, el Romanticismo y el Surrealismo.

La cualidad cultural del arquitecto frente a otras disciplinas es la de poder viajar, leer y entender las distintas civilizaciones a partir de la forma de las ciudades y de los edificios, de la dimensión de la propiedad y del vocabulario de sus fachadas. El arquitecto puede recorrer la historia y la cultura en vertical o en horizontal, puede atravesar el tiempo y el espacio alejado de la cronología, puede vivir la intemporalidad. El arquitecto puede vivir las ciudades y los edificios históricos como obras del presente y su mente está libre para proyectar el futuro formal de la sociedad.

A finales de este siglo xx, las teorías y las profecías han desaparecido. El próximo siglo ya no aparece como un era de esperanza, ni siquiera de caos, sino como un inmenso desconocido que nos verá vivir día a día, intentado dominar lo aleatorio, para finalmente encontrarnos víctimas de las circunstancias y asistir impotentes a un amplio e incierto espectáculo

Up
Up
down
Ricardo Bofill