Texto de Jose Agustín Goytisolo
La cuestión está así:
los ciclos se van cumpliendo inexorablemente
y parece que vayamos a vivir otra vez momentos
como los de 1929, 1910, 1898, 629 ó 211 antes de Cristo
que vayamos a pasar por situaciones parecidas
aunque a diversa altura de la curva helicoide
y otra vez el equilibrio falla
el sistema se rompe
y el dinero huye o no sirve o es atesorado
faltan materias primas
alimentos
combustible barato
faltan ideas faltan ideas faltan ideas
falta una gran idea que lo transforme todo.
La sociedad humana no es un conjunto
más que en el papel en la realidad
no es ni siquiera un conjunto de conjuntos
porque mientras algunos se ocupan del confort
de sus viviendas o del televisor o de encontrar
su verdadero sexo, otros caminan aunque torpemente
a favor de los vientos de la Historia
modifican el mundo
quieren modificarse ellos también
aunque sin saber c6mo ni en qué forma
y otros muchos por fin desean simplemente
comer comer
vivir un poco mientras se rascan bajo el sol
mientras desean no haber nacido
mientras la rabia y el odio les llenan las entrañas.
El mundo se ha convertido en una bola diminuta
poblada de hormigas de diferentes clases
tamaños y apetencias
y nadie está de acuerdo con casi nadie
y las viejas familias tiemblan
cuando ve a sus hijas disfrazadas y moviendose
al ritmo salvaje del tambor y la droga
y se ensayan por todas partes nuevos tipos
de grupo o de comuna
y todo el mundo grita
y todo el mundo escribe
pero nadie hace nada.
Así pues somos una partida insolidaria
de individuos de todos los colores
que nos odiamos mucho
o que a veces nos amamos con poderoso amor
pero que cada día que pasa nos sentimos más solos
¿Qué hacer entonces con nuestra sociedad
con nuestras sociedades
c6mo cambiar los modos
de vida del individuo y el grupo
cuando enterrar el cadáver familiar
que ya hiede en la sala?
No existe un solo fin del Mundo
sino pequenos fines de pequenos mundos,
de diminutas civilizaciones
y es absurdo cruzarse de brazos y esperar
a que termine el último acto
cuando resulta mucho más divertido y maligno
participar en la representaci6n.
Nuestros países por ejemplo
con sus campos y ciudades y poblados y autopistas
deben entrar tambien en el asunto
ya que en ellos es donde todo va a ocurrir
o está ocurriendo ya como con nuestra piel o nuestra ropa
o nuestra propia casa en bancarrota.
Hay pues que embellecer lo que habrá de morir
pensar muy seriamente que seremos juzgados más tarde
por nuestras propias ruinas
igual que hoy juzgamos a Nínive o Atenas o a Roma
y puesto que hay que pensar en París y en Bruselas
y en Barcelona y en Milán
y adivinar su futuro esqueleto blanquísimo
también podemos pensar un poco
en los que aún estamos vivos
y en los sobrevivientes de esta época
de oprobio esplendoroso.
El urbanismo y la arquitectura de hoy
han llegado al desastre y a la desvergüenza
y de nada han de servirnos
para animar un poco todo esto.
Tenemos que partir del caos actual
remontarnos y ver la realidad con ojo de águila
y aprender a proyectar de nuevo nuestras casas
nuestros pueblos nuestros barrios y nuestras ciudades
y también la regi6n y el territorio y el país
y el planeta
dirigiendo y controlando y preveyendo
los cambios que han de suceder de un modo inevitable
para que nuestro entorno esté de acuerdo
con nuestras ideas y nuestros fracasos
para que nada resulte tan discordante como ahora
en los tiempos futuros.
Las grandes industrias que han roto el antiguo
equilibrio y han desvirtuado la trama de los campos
y de las carreteras y los ríos
convirtiendo en suburbios de inmundicia
las grandes capitales
deberán volverse limpias y ser agrupadas
n las grandes praderas y en los bosques
y el transporte de los obreros hasta ellas
habrá de ser pagado por sus duenos
o bien por un estado socialista
de la misma manera que el que poluciona
debe pagar también el volver a dejar
claras las aguas y la atm6sfera.
En cuanto al comercio y a sus odiosos
templos o supermercados
hay que ir pensando en desmantelarlos
y emplearlos como guarderías y prostibulos
pues la pequeña tienda ha de volver a estar mezclada
con las viviendas y las oficinas y talleres
para acabar de una vez con el maldito zoning.
Así algunos hombres podrán no distinguir
su tiempo de trabajo de su tiempo de ocio
y mover a la envidia y al deseo de otros para alcanzar esta beatitud.
Y ya que la revoluci6n precisa de espacios
amplios y de grandes avenidas
junto a calles estrechas de incendio y de saqueo
habrá que crear parques y plazas en los centros
de la ciudad hist6rica
cuidar sus monumentos y sus viejas mansiones
en las que ondearán las futuras banderas.
Tenemos que romper también el muro
de las ciudades concéntricas
hacer que crezcan siguiendo los cauces de los ríos
o de las enormes y naturales arterias inter-urbanas
y conectarse a las pequeñas ciudades de provincias
y a los pueblos
en una nueva malla entre campos y bosques.
El autom6vil debe ser prohibido en la ciudad
y el metro y la bicicleta ensalzados y glorificados
para que nuestras calles vuelvan a ser un día
lugar de reunión y de convivencia
y no un comercio enorme
lleno de ratas y bolsas de basura.
Cada calle cada barrio cada pueblo o ciudad
tendrán un nuevo rostro luminoso y tranquilo
de acuerdo con los gustos y los vicios de sus habitantes.
Habrá que convertir en oficinas de castigo o cárceles del pueblo
-para los arquitectos y los especuladore que los pagan-
los grandes bloques que hoy son de viviendas
y que ellos diseñaron
y organizar las casas en un entorno auténtico
como antes lo tuvieron
pero más acusadamente bello
más preparado para la gran fiesta.
Y sobre todo el verde
grandes tapices verdes que trepen por las casas
y cubran los terrados
que oculten el espanto de las calles de hoy
entre fuentes y luces y música increíble.
Así un día será posible que
todos los ciudadanos de un mundo en movimiento acelerado
hacia el cambio o la muerte
puedan pensar en sus necesidades
de un modo más auténtico y preciso
y consideren su alimentaci6n
como lo que es hoy patrimonio de pocos
-sublimaci6n del gusto--
y piensen que el vestido les abriga
pero que expresa también su personalidad
y que la informaci6n les relaciona con los demás hombres
al tiempo que los educa
de un modo libre y permanentemente
que la higiene no es solamente aseo
sino además equilibrio del cuerpo y de la mente
y llega al erotismo
y que la habitaci6n es un cobijo propio
o madriguera individual
pero que habitaci6n inmensa es también la ciudad
es el país es toda la tierra como un gran escenario
de anhelos y desgracias y victorias.
Todo esto es muy difícil pero no es imposible
la utopía no existe sino cuando se prueba
y se fracasa
y aquí no hemos siquiera comenzado
este programa angélico
manifiesto del diablo que se fecha en París
a 1 de enero de 1905
bajo el signo de Capricornio
y que haremos posible se convierta en espacios
en árboles y en agua
en una cosa viva
para que cuando llegue la hora y se termine esta mariconada
y entren los alguaciles y el verdugo en escena
puedan mirar su ruina o decadencia
y decir que nosotros que si bien formamos toda una cultura
de locos y asesinos
de ladrones y obscenos comerciantes de sangre
no nos falt6 el aliento del artista
ni fuimos unas gentes aburridas.