Como sucede en muchas ciudades europeas, los antiguos edificios industriales han perdido su función y tienen que ser transformados para otros usos. Es el caso de corso I, inmueble de oficinas que forma parte de un ambicioso plan de desarrollo del barrio industrial de Karlin. Había que modernizar este barrio sin privarle de su arraigo histórico. Por este motivo, el diseño del edificio mantiene en parte la estética de la antigua construcción. Corso I se abre en ambos lados, sobre una plaza y unas calles peatonales. La nueva cubierta es de vidrio y unas arcadas de estuco rojo realzan la composición del cuerpo inferior existente, con el fin de mantener un equilibrio entre luz y sombra, solidez y transparencia, entre el lenguaje de la arquitectura clásica y los materiales modernos.
Ver Corso II